¿Se puede ser puta por? Yo te digo y lo fui. Tenía entre mis piernas la soledad y punto. Una circunstancia en el aire y un tarro de pintura roja semafarera. Para cuando andaba por pasarelas ella ya había transitado de Arica a Punta Arenas. Era como si, afanada por la distancia, fuera a sacarse la pena. Se puede decir que quería tener plata, harta plata y más soledad y autos y piezas y dedos caminándose mil teclados y besos pagándose con tantos billetes y bailes que parecían artísticos, que parecían de sirena rota. Qué pluma, qué gota de lágrima más profunda y además, sincera. Puede que no me creas lo que te ando contando de generosa, de seca.
Empezando, se había levantado de la cama, cantando: “puto de mierda, que no me deja dormir!”, y la gata que tiene ganas de hambre le ronronea, quiere decirle que la quiere y le toca la punta de la nariz áspera y mojadamente, ella le acompaña. No sé cuántas veces la ví ponerse de pié con las mismas ojeras y los mismos improperios e idénticos calzones. Para qué. Mantenía la estufa prendida, ya no le quedaba existencia, el frío se iba apoderando de sus huesos blandos, negros.
Se puede entender que sacándose la ropa disfrutaba el infinito samsara de la música. Afirmo que la lengua me andaba como capullo universal.
Tiende a mirársela de una esquina podrida. Tiende uno a encasillársela, a decir porquerías de ella, a subestimar, a sobredecir, a despellejar y sin embargo, silencio.
Era tan dulce, como un invierno melódico y tan explícita como un sol quemante.
Ya no duermo bien, ya enferma. Quiere vivir un poco más que la vida.
Quiere ponerse los zapatos y decir que no tiene motivos para andar formal.
Se descalza y el vientre hilvana el ruido del viento que corre y grita y ella va más lejos que antes, se pone kilométrica su presencia.
Toma a su hermano, que no es su hijo, y lo envuelve como terciopelo cilíndrico.
Oye pero no quiere gritarle. Tiene que dejar de hablar de justicia, tiene que ponerse al tanto con las preguntas y volverse más agria, más vinagrienta.
En un costado la panty raspa la piel tan pura. El espejo tiene que complacer su presencia, por eso pinta un cuadro sin aliento.
Recorre la ciudad como siempre, mi amor, tomándose las caderas de un costado a otro, salándose en las olas. Una medusa va a tocarla, pero ella se deshace antes que aparezca el ojo indecente. Antes de que se haya vestido y sea un punto más, en una línea de su sábana entera.
Empezando, se había levantado de la cama, cantando: “puto de mierda, que no me deja dormir!”, y la gata que tiene ganas de hambre le ronronea, quiere decirle que la quiere y le toca la punta de la nariz áspera y mojadamente, ella le acompaña. No sé cuántas veces la ví ponerse de pié con las mismas ojeras y los mismos improperios e idénticos calzones. Para qué. Mantenía la estufa prendida, ya no le quedaba existencia, el frío se iba apoderando de sus huesos blandos, negros.
Se puede entender que sacándose la ropa disfrutaba el infinito samsara de la música. Afirmo que la lengua me andaba como capullo universal.
Tiende a mirársela de una esquina podrida. Tiende uno a encasillársela, a decir porquerías de ella, a subestimar, a sobredecir, a despellejar y sin embargo, silencio.
Era tan dulce, como un invierno melódico y tan explícita como un sol quemante.
Ya no duermo bien, ya enferma. Quiere vivir un poco más que la vida.
Quiere ponerse los zapatos y decir que no tiene motivos para andar formal.
Se descalza y el vientre hilvana el ruido del viento que corre y grita y ella va más lejos que antes, se pone kilométrica su presencia.
Toma a su hermano, que no es su hijo, y lo envuelve como terciopelo cilíndrico.
Oye pero no quiere gritarle. Tiene que dejar de hablar de justicia, tiene que ponerse al tanto con las preguntas y volverse más agria, más vinagrienta.
En un costado la panty raspa la piel tan pura. El espejo tiene que complacer su presencia, por eso pinta un cuadro sin aliento.
Recorre la ciudad como siempre, mi amor, tomándose las caderas de un costado a otro, salándose en las olas. Una medusa va a tocarla, pero ella se deshace antes que aparezca el ojo indecente. Antes de que se haya vestido y sea un punto más, en una línea de su sábana entera.
Labels: margarita la de la hora


2 Comments:
la misteriosa lírica de la soledad, no lo nieges
considero que el comentario de la damna proveniente de la zona austral, es a lo menos mínimamente acertado o en el peor de los casos, infundado.
escribes bien -a mi humilde entender- saludos
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