Sunday, July 27, 2008

Como si esperara algo del juego de entrar y salir. Quisiera en el fondo, que el mundo fuera así como se lo imaginaba. Como lo sigue pensando, desde siempre, desde como cuando se lo enseñaron. Toca una pelusa de su ojo que arde de tanto especular sobre una mosca que deambula en su pieza siguiendo la luz anaranarilla. Cree estar en lo correcto: la toma con sus manos ásperas y la revienta. Ya no le quedaba tinta negra en el lápiz.

Era una sangre bonita, ésa. Dibujó lombrices solitarias en estómagos de viejos verdes, y siguió su trabajo inventivo. Volvió a entrar: vio a los mismos de siempre. Pero eso quería hacer, nada más. Sus ojos brillan, sé que va a volver, al lado de esa canción que vibra por causa de las decenas de libros moviéndose al son del baile de los abanicos. Un auto suena de lejos; viene a buscarla, se va. Ella siempre lo había esperado.

Surge una callecita roja en el asiento roto, perpendicular a la calle hay un callejón húmedo esperándose la vuelta al carrusel. Ella sigue mirando desde la ventana cómo caen las gotas de sudor de lluvia interna. Juega con el vaho de su boca, porque quien maneja no habla. Se habían visto soñando, por eso sabían todo. Entonces piensa en el futuro, en la regla del uno, en el saco perdido; piensa, cree que no ha sido suficiente lo que ha hecho y el niño sube al auto a taparle la boca. Juegan juntos con el vapor, dibujan letras y puntos suspensivos, ella le regala un punto y coma; y él, una espuma helada. A lo lejos se perdía la mujer que entregó a su hijo. Era un deja vú esa suerte divina y ella estaba felíz por lo que vendría.

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2 Comments:

At 2:42 PM , Blogger franco ferreira said...

Que rico leer un post así. Enciendes imagenes en uno. Eso me encanta de los blogs. Y particularmente de éste.

Cuidate mucho y te sigo leyendo ;)

 
At 4:37 PM , Blogger Abel Porzalva said...

Mmm... cómo decirlo... es literatura incandescente, que te quema como el hielo falso del refrigerador, o llegando más aún, como una buena copa de vodka.

Atrapa de forma espontánea y devuelve, cuando la sutileza de un punto final te escupe desde el interior hacia la estulta realidad de no seguir, así da gusto leer.

Mis aplausos, mademoiselle, siga con eso, y fágalo crudo, que a veces eso es más saludable que un cocimiento descompuesto.

 

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